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Educar para innovar, innovar para educar
Por Elena Castro Martínez y Mariano Martín Gordillo

Desde que, a mediados del siglo XX, algunos economistas constataron que la introducción de innovaciones provoca transformaciones cualitativas de las economías, la innovación se introdujo en la agenda de las políticas económicas e industriales de los países y entre las recomendaciones de las organizaciones internacionales que se ocupan del desarrollo económico.

Entre los factores que pueden influir sobre la predisposición a innovar de las empresas y entidades de un territorio se encuentra la cultura imperante en el citado territorio y las competencias de las personas que viven en él, tanto por su actitud ante los productos y servicios innovadores como por su papel en los procesos innovadores como profesionales, directivos o empleados de las diversas entidades sociales.

Entre innovación y educación hay un vínculo muy estrecho, pues la tarea educativa supone transmitir a los niños y jóvenes las actitudes y herramientas necesarias para su incorporación a la vida activa en la sociedad. En este proceso importa el legado de saberes, destrezas y valores que las sociedades quieren transmitir a las nuevas generaciones y que conforman el currículo, pero también importa el futuro, porque se educa para vivir en un tiempo en el que serán determinantes las competencias para afrontar la incertidumbre y las capacidades creativas para hallar soluciones a problemas aún no planteados.

Esa tensión entre la transmisión de un legado bien definido y la preparación para la incorporación a la vida activa en lo profesional y participativa en lo social enmarca buena parte de los desafíos educativos de nuestro tiempo.

En esta comunicación se describen las competencias (conocimientos, actitudes y habilidades) que, de acuerdo con los estudios realizados, precisan las personas innovadoras y las características culturales de las organizaciones que favorecen la innovación. Se analizan las contradicciones entre los fines educativos declarados y su concreción real, así como los aspectos que condicionan y limitan la innovación en las instituciones educativas (la hiperregulación de los contextos educativos, los espacios seriados, los tiempos repetidos y los valores de la evaluación) se propone un nuevo enfoque de la profesión docente orientado a favorecer el desarrollo de las competencias que necesitan las personas innovadoras y se indica que independientemente de las restricciones que el docente encuentre en la organización, siempre puede encontrar prácticas docentes que ayuden a mejorar la educación para innovar y se avanza que el ámbito por dónde se pude iniciar estas prácticas sería el de la evaluación, que es la clave de bóveda de los sistemas educativos.

Leer aquí artículo complet: http://www.oei.es/congreso2014/memoriactei/1672.pdf

 

 

 

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